Por: Pepe Momox

Faltan varios meses para las elecciones de 2027 y la conversación política en México ya comenzó a girar alrededor de los nombres. Se habla de posibles candidatos, de alianzas, de grupos que buscan posiciones y de personajes que, desde ahora, parecen tener la mirada puesta en el siguiente cargo público.

En Puebla sucede algo parecido. Aunque todavía hay responsabilidades por cumplir y asuntos pendientes por atender, las aspiraciones políticas comienzan a ocupar un lugar importante en las conversaciones de quienes participan en la vida pública.

No me parece incorrecto que alguien aspire a gobernar. La democracia permite que cualquier ciudadano que reúna los requisitos legales pueda buscar una responsabilidad de representación. Lo que sí me preocupa es que, en ocasiones, parece importar más quién quiere llegar que lo que pretende hacer cuando llegue.

Y esa diferencia no es menor.

La política no debería convertirse en una competencia permanente por ocupar espacios. Detrás de cada elección existen decisiones que afectan el rumbo de nuestro país, el funcionamiento de nuestras instituciones y las condiciones en las que vivimos.

Por eso, antes de preguntarnos quién encabezará una candidatura, tendríamos que conocer qué proyecto propone, cuáles son sus prioridades y qué razones tiene para pedir la confianza de los ciudadanos.

Porque una cosa es querer ganar una elección y otra muy distinta es estar preparado para asumir la responsabilidad de gobernar.

El poder debe tener un propósito

En México hemos dedicado demasiado tiempo a discutir los movimientos de los personajes políticos. Las declaraciones, las fotografías y los posibles acuerdos entre partidos suelen despertar mayor atención que las propuestas que deberían acompañarlos.

No se trata de restar importancia a la competencia electoral. Los partidos tienen derecho a organizarse, definir sus estrategias y participar en los procesos establecidos por la ley. El problema aparece cuando esas actividades terminan desplazando la discusión sobre los asuntos públicos.

Una candidatura no debería ser el resultado exclusivo de acuerdos internos ni una recompensa por la cercanía con determinado grupo político. Representar a los ciudadanos exige preparación, conocimiento de las instituciones y disposición para responder por las decisiones que se toman.

Me parece que esta reflexión cobra especial importancia rumbo a 2027.

A nivel nacional se renovará la Cámara de Diputados. En Puebla también elegiremos a quienes integrarán el Congreso del Estado y los ayuntamientos de nuestros 217 municipios.

Las personas que resulten electas tendrán responsabilidades concretas. Algunas participarán en la elaboración de leyes, otras deberán tomar decisiones sobre presupuestos, servicios públicos y administración municipal.

Por eso vale la pena preguntar desde ahora si quienes aspiran a esos cargos conocen realmente las facultades y obligaciones que pretenden asumir.

No basta con tener presencia en redes sociales, aparecer constantemente en eventos o contar con una estructura política. Esas circunstancias pueden contribuir a que una persona sea conocida, pero no sustituyen la capacidad necesaria para desempeñar una función pública.

Tampoco significa que solamente quienes han ocupado cargos anteriormente puedan participar. Nuestro país necesita abrir espacios a nuevos liderazgos, reconocer la experiencia de ciudadanos provenientes de distintos sectores y permitir que otras voces formen parte de las decisiones.

Lo importante es que las aspiraciones estén acompañadas de propuestas serias.

Puebla es una entidad diversa. Las necesidades de la zona metropolitana no son idénticas a las de la Sierra Norte, la Mixteca o la Sierra Negra. Pretender que un mismo discurso puede responder a todas esas realidades demuestra lo mucho que todavía debemos trabajar para comprender nuestro estado.

Quien busque representar a los poblanos tendrá que conocer esa diversidad y entender que gobernar exige algo más que recorrer municipios durante una campaña.

PAZ ante el escenario político de 2027

La incorporación de PAZ a la vida política nacional ocurre en un momento en el que vale la pena discutir el papel de los partidos y las responsabilidades que adquieren frente a la sociedad.

Nuestro registro como Partido Político Nacional, obtenido en junio de 2026, fue resultado de un proceso de organización en el que miles de mexicanos decidieron participar y respaldar la construcción de una nueva alternativa política.

Ese esfuerzo tiene un significado que va más allá del reconocimiento legal.

Quienes confiaron en PAZ durante su proceso de constitución expresaron, a través de su participación, el interés de formar parte de un proyecto político. Detrás de ese respaldo existen distintas preocupaciones, experiencias y expectativas sobre el futuro de México.

Por ello, considero que nuestra principal responsabilidad consiste en dar continuidad a esa participación y procurar que las inquietudes ciudadanas tengan un lugar en la construcción de nuestras propuestas.

Desde PAZ estamos trabajando en un proyecto que busca conocer las necesidades reales de la población, escuchar a las comunidades y abrir espacios para que los ciudadanos puedan contribuir con sus ideas.

No queremos que nuestra participación se reduzca a la búsqueda de candidaturas. Aspiramos a construir una organización política con presencia en la vida pública, capaz de desarrollar propuestas y de mantener una relación permanente con quienes decidieron formar parte de ella.

En Puebla, esta tarea tiene una importancia particular.

Nuestro estado necesita una discusión política que reconozca sus diferencias regionales, sus oportunidades de desarrollo y los asuntos que requieren atención. Desde la representación estatal de PAZ buscamos contribuir a esa conversación con una visión propia, pero también con disposición para escuchar planteamientos provenientes de distintos sectores.

La identidad de un partido no se construye únicamente a partir de sus documentos básicos o de los principios que declara defender. Se va formando con las decisiones de sus integrantes, con las causas que decide atender y con la manera en que participa en los asuntos públicos.

En nuestro caso, el nombre PAZ también nos compromete.

Hablar de paz en política no significa evitar las diferencias ni renunciar a nuestras convicciones. Significa reconocer que la pluralidad puede expresarse con respeto y que los acuerdos institucionales son posibles cuando existen asuntos de interés común.

Podemos sostener posiciones distintas a las de otras fuerzas políticas y, al mismo tiempo, mantener abiertos los espacios de diálogo.

Esa disposición no implica subordinación. Cada partido tiene su identidad, sus principios y sus responsabilidades. Pero las diferencias no deberían impedir que se examinen propuestas que puedan beneficiar a la sociedad.

Para PAZ, participar en la vida democrática también supone contribuir a una forma de hacer política en la que el debate tenga contenido y las aspiraciones personales no desplacen el interés público.

No pretendemos afirmar que contamos con todas las respuestas. Sería poco serio hacerlo cuando estamos comenzando una nueva etapa. Lo que sí podemos asumir es el compromiso de trabajar en la construcción de propuestas y permitir que los ciudadanos conozcan y evalúen nuestro desempeño.

El respaldo recibido durante nuestra constitución merece esa seriedad.

Antes de pensar en ganar, hay que saber para qué

Las elecciones de 2027 serán una oportunidad para que las distintas fuerzas políticas presenten sus proyectos y para que la ciudadanía decida libremente a quién desea otorgar su confianza.

Habrá competencia, diferencias y discusiones. Así funciona una democracia plural.

Sin embargo, sería deseable que el debate no quedara atrapado en las aspiraciones personales, los enfrentamientos entre dirigentes o las estrategias para obtener posiciones.

México tiene asuntos públicos que requieren estudio, propuestas y decisiones responsables. Las autoridades que hoy ejercen funciones deben continuar cumpliendo sus obligaciones, mientras los partidos se preparan para participar dentro de las reglas electorales.

Una cosa no debería impedir la otra.

Desde PAZ entendemos que el proceso electoral representa una responsabilidad importante, pero también que el trabajo político no comienza ni termina en las urnas.

Queremos que la participación de quienes confiaron en este proyecto encuentre continuidad en la organización, en el diálogo y en la elaboración de propuestas que respondan a las necesidades de México y de Puebla.

A quienes participamos en política nos corresponde recordar que obtener un cargo no constituye, por sí mismo, un logro para la sociedad. Lo verdaderamente importante será el uso que se haga de esa responsabilidad y las decisiones que se tomen desde ella.

Por eso, mientras comienzan a circular nombres y se multiplican las aspiraciones rumbo a 2027, considero que deberíamos hacer una pregunta distinta.

No solamente quién quiere ser diputado, presidente municipal o representante de los ciudadanos.

La pregunta es para qué quiere serlo y qué está dispuesto a hacer para cumplir con esa responsabilidad.

Porque México no necesita una política dedicada exclusivamente a ganar elecciones. Necesita partidos que sepan por qué participan, representantes que comprendan sus obligaciones y ciudadanos que puedan exigirles cuentas.

En PAZ queremos formar parte de esa discusión. Y tenemos claro que la confianza recibida durante nuestra constitución tendrá que corresponderse con el trabajo que realicemos a partir de ahora.

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